A menudo, detrás de lo más sublime se encuentra el rostro de una enorme contradicción. Évilor dixit.
Tenemos miedo a perder a la persona amada, a los familiares, nuestro trabajo, nuestro modo de vida… y así hasta llegar al miedo a perdernos nosotros mismos. Cada vez que se avecina un cambio intentamos pasarlo por alto de puntillas y si sucede, normalmente nos apenamos. Si ese cambio consiste en ganar algo, finalmente lo abrazamos, pero jamás querremos soltarlo. Si ese alguien o algo finalmente parte, es motivo de un canto elegíaco más. Así, nuestra vida se convierte en un cúmulo de victorias y derrotas. Y desgraciadamente, a menudo pesa más el lado de la balanza relativo a las derrotas; a aquello que anhelamos porque jamás lo tuvimos o porque lo tuvimos, pero se marchó de nuestras vidas.
Pero, ¿De donde viene esta visión bélica de la vida? ¿Realmente la vida consiste en una batalla? ¿Consiste en abrirse paso con lanza y escudo rezando porque las heridas -físicas o psíquicas- se curen más rápido de lo que crece su número? Desde luego, los documentales de la tele nos muestran a los animales en su día a día desde esa perspectiva. ¿Pero qué pensará un león o una cebra de todo esto? El león ruge de indignación, la cebra pace indiferente y la hiena… la hiena no tiene más remedio que partirse de risa.
Varios artistas se han acercado a la cuestión del sentido de la vida. Curiosamente, rara vez se la han tomado en serio. La seriedad es más propia de intelectuales poco creativos. El sentido de la vida es algo que todos -artistas por naturaleza como somos- nos hemos preguntado alguna vez. A menudo, inspirados por la abrumadora relevancia de la pregunta, desgraciadamente nos volvemos intelectuales y sacamos conclusiones poco convincentes o ni siquiera llegamos a alguna que nos convezca mínimamente.
La vida -a menudo- parece no tener sentido, pues está llena de contradicciones. Pero, ¿Qué es una contradicción? No es más que el choque entre lo que esperamos que sea y lo que es. Ciertas corrientes de pensamiento nos llevan al convencimiento de que lo que esperamos que sea se hace realidad. Sin embargo, resulta difícil sostener tal afirmación viendo el fracaso diario de las religiones moralistas; no se para de abusar de seres humanos indefensos y de la naturaleza en su conjunto. Y ahora yo pregunto; si el mundo sencillamente Es… ¿Por qué esperar algo de él?
Los verdaderos artístas se toman a guasa la cuestión porque intelectualizarla se asemeja a la clásica estampa en la que buscamos sin parar algo que llevamos puesto. La hiena sólo se ríe, el artista se mofa de tí. Y tú ríes con él. ¡Y sigues sin entenderlo! Al león le pones de los nervios y la cebra está cansada de compartir planeta con seres tan poco inteligentes. El ser humano ha demostrado una y otra vez ser listo, pero en líneas generales muy poco inteligente.
Apenarse y autocompadecerse es poco inteligente, luchar es poco inteligente, compararse y presumir es poco inteligente, el apego es estúpido y egoísta… ¡Y no paramos de caer una y otra vez con las mismas piedras, que siguen en el mismo sitio desde los albores de los tiempos! Pero el mundo es cambio y no tiene porqué ser así siempre. El ser humano ha de madurar. Adaptarse o morir… ¿Morir?
Hemos aprendido a adaptar el medio a nuestra conveniencia para las actividades que se nos han ido ocurriendo. Sin embargo, no pensamos en nuestra salud. Y no hablo ya de la salud física…
Tal vez tu cuerpo sobreviva si adaptas la naturaleza a tus estúpidas necesidades de socio-animal pensante, pero la naturaleza morirá en el camino. Si adaptas tu Ser a tus estúpidas necesidades de socio-animal pensante, podrás seguir sirviendo a la sociedad y el sistema en el que estás inmerso (sea cual sea), pero tu Ser morirá en el camino. Adaptarse o morir. ¿Eliges morir? Está bien. Pero, ¿Porqué obligar a los demás?
Una de los mayores errores de la humanidad es la creación de sistemas. Los creamos para sentirnos más seguros (arropados…), para sentir que lo que hacemos tiene una base sustentada (la tradición) y para poder eludir nuestras responsabilidades; no llegamos a conocernos a nosotros mismos y por lo tanto nunca llegamos a entender bien a los demás, no nos limitamos a vivir la vida y por lo tanto sufrimos por todo aquello que nos supone una contradicción.
En la clase de Química de la vida nos empeñamos en hacer mezclas homogéneas -disoluciones- cuando lo lógico sería realizar mezclas heterogénas. ¿Porqué? Muy sencillo; no hay dos personas exactamente iguales.
En una mezcla heterogénea tu libertad es enorme, pero acaba justo donde comienza la libertad del soluto contiguo. Una sociedad con ese nivel de respeto es una sociedad libre; una sociedad madura. Pero, ¿Porqué imaginar utopías? ¿Porqué no sencillamente Ser? Sólo eso es necesario. Ser… yo, tú, él, nosotros, vosotros, ellos… poco a poco, sin prisas, sin pausa… hasta alcanzar el orgasmo como especie.
No albergo dudas; es posible. Que ocurra o no es otra cuestión. Pero, ¿Porqué preocuparse? ¿Te has dado cuenta de la contradicción que supone ocuparse de algo antes de que ocurra? ¿Quién puede hacerlo? ¿Nadie? Pues vive y deja las preocupaciones para aquellos que -en su derecho- han elegido otro camino.





